
La presión baja aumenta flexión y temperatura; la alta reduce huella y tracción. Mide siempre en frío y ajusta según etiqueta del vehículo, no la del neumático. En climas variables, recuerda que por cada 6 °C de descenso se pierde aproximadamente 1 psi. A mayor altitud, la referencia sigue siendo la misma en frío. Usa tapas de válvula en buen estado y manómetro confiable.

Rotar cada 8.000 a 10.000 kilómetros, o según tracción del vehículo, distribuye esfuerzos y prolonga vida útil. Aprovecha para inspeccionar clavos, grietas y cuerdas expuestas. Tras cada rotación, solicita balanceo y verifica calibración del TPMS. Un patrón de desgaste uniforme mejora frenado en mojado y reduce ruidos. Documentar fechas y kilometraje te permite tomar decisiones antes de que aparezcan sorpresas costosas.

El código DOT revela semana y año de fabricación; más de seis años justifican vigilancia especial, y más de diez rara vez es recomendable en uso diario. El sol, el ozono y la inactividad agrietan compuestos. Inspecciona hombros, talones y válvulas. Si guardas un juego, protégelo del calor y en posición vertical. Un neumático viejo puede lucir profundo y, sin embargo, fallar súbitamente.
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